lunes, 28 de octubre de 2024

EL CABRESTANTE SITUADO JUNTO A LA TORRE DE SEÑALES DE PORTUGALETE

 

Durante siglos se estudiaron distintas maneras de evitar, o en su defecto mitigar, los efectos de los continuos naufragios que se producían a la entrada de nuestro puerto.

En los años 80 del siglo XVIII se proyecta la construcción en los arenales de Portugalete de un almacén “para la custodia de, efectos, fragmentos de navíos que pudiesen vararse por esta parte y, un cuartito para el refugio del Piloto Mayor de Barra en las tempestades, las veces que, desde la punta del muelle le precisa hacer sus señas a las embarcaciones que se hallan fuera de Barra sobre la entrada de ellas y, en consecuencia, también del aviso dado con anticipación de esta”.

Se considera que el mismo debía de estar situado en un lugar próximo al Solar ya que “el beneficio y utilidad que resultaba en construirse dicho almacén así al común, como en caso de varamiento o naufragio de embarcaciones y demás” era algo notable debido las inclemencias y características que configuraban la ría en esta parte de su desembocadura.

Casi medio siglo después, concretamente el 24 de julio de 1824 se acuerda “sacar a remate la reconstrucción de un trozo de muelle, de 175 pies de longitud y 22 de altura, que estaba arruinado, en la margen izquierda, cerca de la desembocadura y frente al almacén de auxilios que tenía allí el Consulado, y que aún existe” efectuándose estos trabajos durante los años 1824 y 1825.

 

Este mismo año de 1824 se resuelve la construcción de “la torre de señales en el extremo o cabeza del muelle de Portugalete”.

 

Si bien el proyecto de la Torre de Señales data de 1824, conocemos por un documento escrito en 1849 por el Piloto Mayor, cómo habiendo "quedado parada la obra de la torre de señales de la punta del muelle de Portugalete, me es imposible hacer, desde ella, ninguna señal con la bandera, a los buques".

 

Años antes, junto a esta torre, se instala un cabrestante, una herramienta pensada para auxiliar a todo tipo de embarcaciones que pudieran tener dificultades en este tramo de la ría y poder acercarlas a zona segura.

 

En 1848 este instrumento se encontraba completamente inservible. En un pormenorizado informe firmado por Juan de la Quintana, Piloto Mayor en esas fechas, se indica que “Ha sido reconocido el cabrestante que se halla en el muelle del S.O. inmediato a la casilla de señales y ha resultado que, está inservible, por tener el espigón pasmado”.

 

En el mismo documento se indica que como alternativa a esta herramienta y a modo de auxilio “pueden ser muy útiles para darle a algún buque que, se le quede el viento en la barra, desde la punta del muelle, dos estachas de 120 brazas de largo y cuarto de grueso. El Sr. Rocacoechea, las tiene de abacá y creo, saldrán más baratas y serán mejores para aquel objeto”.

 

La primera muestra gráfica de este cabrestante, así como de la ubicación exacta del mismo, la encontramos en uno de los grabados realizados por Pedro Pérez de Castro a mediados del siglo XIX. En el grabado titulado "Torre de Señales en el Puerto de Portugalete" se puede observar la citada torre, la maquinaria indicada además de visibles restos de un naufragio que flotan en las inmediaciones de nuestra costa.

 

Una herramienta utilizada para poder salvar vidas humanas.

 

A.P.T.    

domingo, 20 de octubre de 2024

GARCIA DE PORTUGALETE Y PEDRO DE PORTUGALETE, TESTIGOS DE UN MILAGRO DE LA VIRGEN DE MONSERRAT EN EL SIGLO XVI.

La utilización como apellido del lugar de nacimiento de personas era algo notablemente frecuente varios siglos atrás.

En las últimas entradas he traído varios casos. Tenemos al Capitán Portogalete que navegaba por las costas de América en los primeros años del siglo XVI, a Iñigo de Portogalete, maestro calafate que participó en las expediciones de las naves portuguesas a la India, al grumete Diego de Portogalete que incluso se le dedica una calle en la villa, el cual fallece en uno de los viajes de Colon el 4 de enero de 1503 o Juan de Portogalete al que se concede la vecindad en Puerto Rico en 1510. Y así, un largo etcétera.

Hoy acerco un curioso suceso que tiene como protagonistas colaterales a dos portugalujos.

A finales del siglo XVI se realiza un pormenorizado estudio de los milagros atribuidos a la Virgen de Monserrat.

Como milagro 196 aparece la curación de Juan Terán, una persona carente del habla que reside en la localidad conquense de Vara del Rey, el cual, a consecuencia del disgusto por el fallecimiento de un hijo, había perdido la facultad de comunicarse además de la movilidad de los brazos, teniendo estas extremidades completamente imposibilitadas.

 

El 13 de junio de 1537 se le toma declaración, tanto a él, como a una serie de testigos,  manifestando  que tras encomendarse a la Virgen de Monserrat en la capilla donde se encontraba la figura, recobró el habla y la movilidad de los brazos.

Durante el viaje desde su lugar de origen hasta Barcelona, viajaron con Juan Terán, entre otros, García de Portugalete y Pedro de Portugalete los cuales manifiestan que “en quatro dias que con el hauian venido hafta liegar a efta fanta cafa, no le aujan oydo hablar palabra”.

Este mismo testimonio lo corroboran un hijo del curado, el Mossen Pere Ramón, Notario Apostólico, y Fray Salinas, Capellán del centro religioso donde se encontraba la talla.        

Otra de las personas que aportan su testimonio es Pedro Castellano de Sisamón en el Reino de Aragón el cual indica que “al pasar por su lugar le tenían por mudo” dándole limosna para que continuara su viaje.

Dos portugalujos del siglo XVI.  

A.P.T,

viernes, 18 de octubre de 2024

EL VIAJE DE JUANA I DE CASTILLA Y DE SU MARIDO FELIPE "EL HERMOSO" EN 1506 Y LA IMPORTANTE PARTICIPACIÓN DE VARIOS PORTUGALUJOS EN EL MISMO.

Como se encuentra acreditado a través de los documentos recogidos durante siglos, por término general, los marinos portugalujos eran reconocidos y afamados hombres de mar con sobresalientes conocimientos en el arte de navegar. Años de experiencia transmitidos de generación en generación.  

Muchos de estos marinos han pasado desapercibidos dentro de la historia de la villa y su periplo profesional, ocultado o ignorado.

Hoy acerco el reconocimiento oficial y la recompensa a varios de estos marinos por su pericia en un importante viaje de estado, una tormentosa travesía en la que lograron salvar la nave donde viajaban dos importantes personalidades de la época con una gran trascendencia futura.

El 8 de enero de 1506 partían con rumbo a la península desde los países bajos, la hija de los reyes católicos, Juana, y su esposo Felipe, también conocido como Felipe "El Hermoso".

En el transcurso de la travesía son sorprendidos por un fuerte temporal que daña seriamente varias naves, entre ellas “La Juliana” una carraca de 450 toneladas donde viajan la pareja real con su séquito más cercano.

La comitiva se componía de más de cuarenta barcos bajo el mando de Floris d’Egmont, Conde de Buren y Leerdam-Isselstein, con cerca de dos mil soldados alemanes comandados por el Conde Wolfgang zu Fürstenberg.

La virulencia climatológica es tal que obligan a la comitiva a tomar refugio dentro de tierras británicas.

Varias de los barcos de la comitiva embarrancaron, otros se alejaron notablemente del grupo, siendo “La Juliana” una de las pocas embarcaciones que pudo y supo capear el fuerte temporal en mar abierto.

Teniendo como referencia algunas noticias que relatan este apartado del viaje podemos saber que: “Durante dos días la carraca real resistió lo más recio de los vientos antes de decidir cambiar de rumbo para intentar llegar al puerto de Portland en la provincia de Dorset. Durante nueve días no se supo nada de ellos”.

Indicar que en el transcurso de la tormenta “La Juliana” sufrió varios incendios que gracias a la pericia de los marinos, fueron sofocados.

En Inglaterra y antes de retomar nuevamente el viaje, Felipe I manda redactar una Cédula la cual firma en Windsor el 17 de enero de 1506, poco tiempo después de pisar tierra británica.

El documento recogía de manera íntegra el siguiente texto:

El Rey-Por los buenos é leales servicios que nos habéis fecho en nuestro viaje de la mar vosotros Sancho de la Pedriza , Diego Santiago , vecinos de Sesto, y Diego de Rebonza , vecino de Sesto , é Juan Perez de Arana vecino de Portogalete , pilotos , é Pedro de Mazagar vecino de San Pedro de Deusi, é Pedro de San Martin ,vecino de Portogalete , consejeros con los pilotos en el dicho nuestro viaje ; por esta presente vos facemos merced a cada uno de vos los susodichos tres pilotos é dos consejeros, de diez mil maravedis en cada un año durante su vida de cada uno de vos , fasta en tanto que hayamos dado é proveido en oficios é beneficios , é situado a cada uno de vos la dicha suma de diez mil maravedís de por vida .

E mandamos a nuestros oficiales mayores é menores que en esto han de entender, que vos libren en cada un año a cada uno de vos, los dichos diez mil maravedís, como dicho es, é vos den carta patente dello como conviene, porque esta es nuestra merced é voluntad.

E para vuestra seguridad, vos mandamos dar esta nuestra cédula firmada de nuestro nombre.

Dada en la villa de Windsor a diez y siete de enero de mil quinientos seis”.

Como se puede observar, de los seis agraciados con la gratificación real, tres son de Portugalete, dos de Sestao y uno de Deusto, posiblemente, las personas que salvaron la vida a Juana y Felipe, así como a su séquito, en esta tormentosa travesía y que dirigieron con sobresaliente pericia la carraca en la que viajaban lo más nutrido de la comitiva.

Otro importante suceso en el que la experiencia de los marinos portugalujos logra llevar a buen puerto un importante viaje dentro de la historia.  

A.P.T.