viernes, 5 de agosto de 2016

EL GAZAPO DEL DÍA (IV)

video

Continuando con la serie sobre “Gazapos” que vamos localizando en diferentes medios, tanto escritos como audiovisuales, hoy acerco al blog una serie errores que se pueden observar en un video realizado por el diario El Correo en el que se da cuenta de la celebración del 123 aniversario de la construcción del Puente Vizcaya.

Un video de calidad en lo que a medios se refiere pero que queda empañado por el considerable número de incorrecciones que se manifiestan en el mismo casi desde el mismo momento de su inicio, unas incorrecciones que hubieran sido fácilmente subsanables si se hubiera realizado una buena labor de documentación, ya que, sobre el Puente Vizcaya y su constructor, existen gran número de trabajos muy completos y de gran interés de acceso público.

El primero de los gazapos lo encontramos tan solo a los diez segundos de comenzar el video cuando la voz que la explicando su historia indica como autor del Puente Vizcaya a Alberto de Palacio Elisague, siendo su segundo apellido Elisagüe y su verdadero nombre Paz Martín Alberto Palacio Elisagüe, sin la preposición “de” que tanto gusta a algunos para dar rimbombancia a determinados nombres.

El segundo de los gazapos, solamente otros diez segundos después del primero, lo encontramos al manifestar la misma voz que la construcción del Puente Vizcaya comienza en 1888 y que por lo tanto se finalizó cinco años más tarde.

De sobra es conocido que las obras comenzaron en 1890, es decir, dos años más tarde de la fecha que le atribuye el reportaje del diario El Correo y que finalizan el 28 de julio de 1893 con su inauguración oficial, es decir, tres años de trabajos.

Para las personas a las que les guste la exactitud les puedo indicar que la fecha en la que comienzan las obras es el 10 de abril de 1890 con la socavación de los pozos en el lado de Portugalete donde posteriormente se levantarían las torres en esta margen de la ría.

La compañía M.A. Palacio y Cía. para la construcción y explotación del futuro puente transbordador se constituye unos días antes de la fecha de inicio de los trabajos, concretamente el 7 de abril de 1890.   

Indicar que el proyecto inicial de construcción recogía como periodo de finalización del total del Puente Vizcaya la fecha del 28 de mayo de 1891, fecha que nunca llegó a cumplirse debido a los innumerables desacuerdos entre el constructor Ferdinand Arnodin y el autor de la obra Alberto Palacio Elisagüe. Llegados a este extremo cabe indicar que ni Alberto Palacio ni Ferdinand Arnodin fueron nunca discípulos del célebre ingeniero Eiffel, tal como se viene repitiendo en gran número de publicaciones dedicadas a esta construcción de un tiempo a esta parte.

Otra de las afirmaciones del reportaje en la que no puedo estar de acuerdo es cuando se indica que esta obra de ingeniería agonizaba en 1995 y que fue “necesaria una profunda reforma que evitó su derrumbe”.  Si bien es cierto que en aquellas fechas el Puente Vizcaya no se encontraba en su mejor momento y que las inversiones en este conjunto monumental por parte del anterior grupo gestor habían sido muy escasas durante el siglo que duró su administración, destacando de entre las mismas los diferentes cambios de barquilla, la afirmación de que el mismo se encontraba al borde del derrumbe me parece una exageración sin mucho fundamento.

Sin entrar en valorar el conjunto del reportaje y el resto del contenido que en el mismo se muestra, solo me cabe indicar que conociendo los medios que tiene este grupo editorial me parece que este tipo de gazapos son sobradamente prescindibles si la labor de documentación se hubiera realizado con rigor.

Finalmente agradecer a las personas que de distintas maneras me hacen llegar diferentes gazapos y gracias por la gran acogida que ha tenido esta nueva sección del blog.


Espero que la entrada guste y hasta la próxima.             

1 comentario:

Martin U. Landa dijo...

Lo de buscar gazapos ya resulta aburrido. Solamente saber qué presupuesto dedica un diario ó grupo a la labor investigativa previa a la edición de cualquier contenido, ya puede dar valor al resultado.
Hace años que los que "se comen" ese marrón, son los becarios y estudiantes en prácticas, el marrón está ya abandonado por las empresas editoras.
Ese era el cimiento sobre el que se basaba el prestigio de los reporteros, la base de los artículos elaborados por la propiedad. La prpiedad fue desplazando poco a poco a los corresponsales, pasando a recoger comunicados de agencia y, cambiando el texto recibido, pasaban a publicar. Los gastos, se iban desinflando, los beneficios de los accionistas y propietarios aumentaban. El siguiente paso, es aumentar sucesivamente la compra de articulos ya publicados en otros órganos, para terminar con los jóvenes que ya no encuentran de quién aprender. Los gastos ya son mínimos, pero dada la ínfima calidad del producto final, los beneficios están por los suelos.
Algo que suponía un rito de iniciación en el joven, comprar su propio diario, es poco menos que imposible de ver en el metro, tren, bús,...
Quien lo sabe, sabe la solución, pero empezar de cero cuando miraban de reojo y hacia el suelo...