martes, 3 de julio de 2012

MAITE URIBARRI, RESTAURADORA DE LA TALLA DE LA VIRGEN DE LA GUÍA.

 
En la pasada entrada dedicada a la Virgen de la Guía recibí un comentario en el que se citaba a la portugaluja Maite Uribarri, persona que desde hace unos años cuida con esmero esta talla, restaurándola y poniéndola a punto días antes de esta tradicional celebración jarrillera.

Curiosamente, el pasado día 2 de julio la prensa local dedicaba un pequeño reportaje a esta portugaluja, reproduciéndolo  a continuación debido al interés  del mismo.

Como en otras ocasiones, al final de esta entrada inserto el enlace para todos aquellos que deseen leerlo en su formato original.
La otra procesión de la Virgen

Maite Uribarri pasea cada año la talla hasta Repélega para ponerla a punto.

Tamara de la rosa.

Es como una más de la familia. "La niña de amama". Así es como conocen a la Virgen de la Guía los nietos de Maite Uribarri, quien convive con la talla de apenas 43 centímetros de alto en su casa, en el barrio de Repélega, durante las semanas previas a la celebración del día en su honor.

Maite es como su estilista personal, ahora le practica un lifting facial, ahora le retoca cuidadosamente la nariz, le cose ropa nueva e, incluso, le ha adornado la corona con cristales Swarovski. Es la puesta apunto de la Virgen más querida por todos los portugalujos. Nada puede cambiar cuando se es el foco de tantas miradas.

Maite aprendió el oficio de la restauración estando en Madrid. Su primer contacto con las tallas fue mientras trabajaba para las Siervas de María y la Parroquia San Cristóbal. Esta carrera fue la que le llevó a conocer a la Virgen de la Guía de una manera más íntima cuando, hace más de 10 años, evitó que se comprara una nueva talla de la Virgen que sustituyera a la actual. "El paso del tiempo había dañado mucho a la Virgen, tenía agujeros por la caída de gotas de agua y querían comprar una nueva", explica Maite. Ella se ofreció a intentar arreglar las cicatrices que el paso del tiempo le habían causado a la Virgen de la Guía.

La llevó a su casa, y comenzó a tratarla con mimo. La estatua tenía dos colores, blanco y azul. "Le habían dado tantas manos de pintura que se veían ni los labrados de la madera", recuerda. La lijó. Arregló los agujeros que el tiempo había esculpido en el cuerpo de la Virgen y la pintó de nuevo dibujándole una nueva sonrisa. Cuidaba de ella como de un bebé. Y no es exageración. Cada dos horas aplicaba un nuevo producto a la talla y "entre una capa y otra aprovechaba para dormir", cuenta. Así, durante tres jornadas, con sus días y sus noches.

Con el tiempo, Maite ha ido añadiéndole nuevos adornos a la Virgen. Una corona con puntilla, que colocó su nieta Jone -quien asegura que "cuando amama no esté" ella misma seguirá arreglando a la Virgen-, cristales Swarovski alrededor, un manto color azul, y hasta una nueva nariz y pómulo.

"Cuando estaba arreglándola se le cayó la nariz. No se había tocado desde hace muchos años y tenía nueve capas de pintura que sujetaban el trozo de la nariz, roto por el paso del tiempo", asegura. También se colocó a la Virgen sobre una plataforma de madera "para que la gente la viera con más facilidad desde el barco", explica.

Cuando sale de su hornacina del mercado de abastos, desde donde protege a Portugalete durante el año, la Virgen de la Guía se hospeda en una columna que separa la cocina de Maite del salón comedor. Allí se refugia los quince o veinte días previos a la jornada organizada en su honor en la villa. Pasando de la soledad de la vitrina al final de la calle Coscojales, a la actividad que los nietos de Maite generan en su hogar. Pero ellos son muy cuidadosos con la Virgen.

"Saben que es algo muy importante para Portugalete y no la tocan, tienen muchísimo cuidado", tranquiliza. Para ellos, la Virgen de la Guía es la "niña o la chica de amama". Ya se han acostumbrado a tener a esta invitada de honor.

Visitas por Repélega Los vecinos de Maite también son consciente de que, durante unas semanas, duermen más cerca de la Virgen que nunca. De hecho, cuando se cruzan con ella en el portal, o en el ascensor, la pequeña talla recibe los primeros piropos, aunque no precisamente por tener una cara bonita. "Es importante para nosotros pero debemos reconocer que la Virgen guapa, precisamente guapa, no es", bromea. "Es que el paso del tiempo no le ha hecho ningún favor", añade. "Pero eso sí, la nariz nueva le da un perfil muy vasco", vuelve a bromear.

La devoción que los jarrilleros sienten por la Guía supera muchas barreras. Y en Repélega, hay comercios que cuenta con su propia visita de la Virgen "para que les de suerte". Maite lo confiesa: "Algunos comercios me piden que les lleve la talla porque quieren tocar a la Virgen, verla, o simplemente que esté en su negocio un poco para que les dé suerte". Y ella se la acerca. También vecinos que están pasando una mala racha o no poseen muy buena salud solicitan ayuda a Maite. "Si son personas enfermas nunca me niego a acercarles la Virgen y que puedan tocarla", se sincera. Además, en sus manos, Maite coloca cada año un rosario que una de las devotas regaló a la Virgen de la Guía en señal de agradecimiento. "Mientras pueda seguiré haciendo esto. Seguiré cumpliendo el deseo de esta mujer que murió y dejó como regalo a la Virgen este rosario".

Ayer, la talla volvió a pasear por Portugalete resplandeciente mientras Maite, que la acompañó en su paseo por la ría, sonreía satisfecha por su cuidada y querida obra.