miércoles, 19 de noviembre de 2008

FRAY JUAN BAUTISTA DE MOLLINEDO

Una de las figuras más relevantes que ha dado la villa de Portugalete a lo largo de todos estos siglos, y sin embargo más desconocido, es sin lugar a dudas el fraile Franciscano Fray Juan Bautista de Mollinedo, figura clave en la colonización de las tierras del suroeste mexicano así como descubridor de los nacientes territorios aun sin explorar durante el siglo XVI en el país azteca.
Mollinedo nace en la villa de Portugalete el año 1557. A temprana edad emigra a los territorios de Nueva España (México), donde motivado por su profunda fe religiosa ingresara en la orden franciscana en el convento de Acambaro (Guanajuato).
En esta comunidad, y como parte de su formación religiosa, estudiara varias de las lenguas indígenas del entorno, especializándose en el Otomi, idioma que llegara a hablar a la perfección.
Tras este periodo se trasladara al convento de San Juan Bautista de Xichú dentro de la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán. En esta congregación obtendrá la máxima representación con el cargo oficial de Guardián de la orden.
Regresa a España viajando nuevamente al nuevo mundo junto con un nutrido grupo de franciscanos el año 1601. De esta marcha se conservan en el Archivo de Indias de Sevilla el expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Juan Bautista Mollinedo, fraile franciscano, a Perú. Fecha de la licencia 20 de Febrero de 1601.[1]
En 1607, y dentro de su labor misionera, se adentrara junto con otros miembros de su congregación, en la región de Rio Verde. De sus acompañantes cabe destacar a Fray Juan de Cárdenas, con el que descubrirá y evangelizara buena parte de estas nuevas tierras.

[1] Archivo General de Indias, Sección Contratación 5265, N.1, R35.

La expedición será extremadamente dura llegando a no tener más equipaje que sus propias rotas, como calzado sus pies desnudos y como alimento unas pequeñas tortas de maíz tostadas.
Llegaran al puesto o avanzada militar de Santa Catarina, dirigiéndose a Pinihuán, donde lograran reunir a varias familias de nativos creando una población. En este lugar construirán una pequeña capilla de paja para oficiar misa, primera construcción de los europeos en estas tierras. Esta zona se encuentra en el actual estado mexicano de San Juan de Potosí, siendo estas primeras familias indígenas pertenecientes a la etnia Maya.
Iguales hechos repetirán en la población bautizada con el nombre de “Lagunillas”, trasladándose posteriormente al llamado “Valle del Maíz” donde levantaran una iglesia además de un convento para la congregación. Esta última construcción ser edificada con muros de adobe y techo de paja y pintada con cal blanca.
Otro nuevo convento además de una nueva iglesia será construida en la localidad de Tula, estando considerado este lugar el segundo pueblo misión en la historia del país azteca.
Posteriormente, y continuando con este periplo, Mollinedo y sus compañeros permanecerán una nueva temporada en Santa Catarina reponiendo fuerzas, dirigiéndose tras este periodo hacia el norte hasta El Jaumave y prosiguiendo hasta el Nuevo Reino de León, ultimo paraje del llamado Río Verde.
En la primera expedición Mollinedo, Cárdenas y el resto de frailes que les acompañan se relacionaran con las distintas etnias y tribus que habitan la región, intercambiando conocimientos con Alaquines, Pames, Guachichiles, Pisones y un largo etcétera que sobrepasara la veintena de grupos indígenas.
En toda esta región los Franciscanos serán los primeros europeos en adentrarse y tomar contacto con los originarios pobladores locales.


Tras finalizar este primer viaje, Mollinedo y su expedición regresaran al convento de Acambaro donde darán cuenta a las autoridades religiosas, políticas y militares de las zonas descubiertas y las características de las mismas, solicitando autorización para el envío de más frailes con el propósito de evangelizar todos los pueblos descubiertos.
Entre otros Mollinedo se entrevista con el Marqués de Guadalcazar Virrey de Nueva España, al que nuevamente solicitara su colaboración para la empresa citada.
El Virrey encargara diversos estudios sobre lo descrito por Mollinedo y su grupo, encargando uno de los mismos a Fray Diego Muñoz, provincial de la congregación en las provincias de San Pedro y San Pablo de Michoacán y al Alcalde Mayor del pueblo de Queretano. El dictamen de ambos será favorable a las tesis expuestas.
Una de las incidencias que hace constar Mollinedo en todas las entrevistas que mantiene, es el excelente recibimiento de que es objeto por parte de todas las tribus con las que se tiene contacto.
Tras varios años de negociaciones y solicitudes, finalmente el 5 de Mayo de 1612 se obtendrá la licencia firmada por el rey Felipe II por la que se ordena proveer de todo lo necesario para la conversión de los indios del Rio Verde, Valle de Concá, Cerro Gordo y Jaumave.
Las primeras estimaciones cifraban que la población que se podría localizar estaría compuesta por unas 600 personas aproximadamente.
A pesar de la fecha de autorización real, el proyecto se irá demorando, teniendo que escribir varias veces Mollinedo al Rey. Una de estas misivas está fechada en 1616.
Finalmente en 1617 y valiéndose del patronazgo de la corona, se ordenara por parte del Virrey la construcción de iglesia y convento en la zona de Río Verde, con el estatus de Fundación, teniendo la representación y responsabilidad de estos lugares dos frailes de la congregación franciscana de Michoacán . Estos recibirán “como avío 150 pesos de oro común, 75 fanegas de maíz, ornamentos, campana, cálices, patenas, vinajeras, manteles, libro de canto y fierro para hacer ostias”.
Para facilitar el agrupamiento de la población y poder crear un núcleo rural, se ordena entregar a las tribus autóctonas “y por una sola vez, 200 fanegas de maíz, dos docenas de bueyes, cuatro docenas de rejas de arar, 50 vacas, dos toros, 200 ovejas y 100 cabras”. Del reparto se encargaran Mollinedo junto con D. Juan de Porras y Ulloa, Capitán y Alcalde Mayor de las minas de Xichú.


Entre los meses de Julio a Septiembre de 1617, Juan Bautista de Mollinedo, en presencia de los indios Chichimecas de la zona así como de los españoles de los asentamientos próximos, realiza varias ceremonias de fundación de localidades y parroquias, delimitando sus demarcaciones geográficas y dejando clérigos en las siguientes poblaciones:
1 de Julio en Santa Catarina Mártir de Río Verde, 6 de Julio en San Antonio de Lagunillas, 8 de Julio en Nuestra Señora de la Presentación de Pinihuán, 10 de Julio en San Felipe de Jesús de los Gomates, 15 de Julio en Nuestras Señora de la Purísima Concepción del valle del Maíz , 22 de Julio en San Antonio de Tula, 23 de Julio en San Juan Bautista de Jaumave, 29 de Julio en Nuestra Señora de los Ángeles del Monte del Alberne.
Durante el mes de Agosto se fundan el día 1 la localidad de Santa Clara, el 8 San Cristóbal de Rio Blanco. Finalmente en Septiembre se crearan las localidades de Santa María de Teotlán el día 4, el 12 San Pedro Mártir de las Alpujarras y el 22 en San Juan Tetla de Cerro Gordo.
Durante más de diez años, Mollinedo junto con otros miembros de su congregación recorrerá buena parte de esta zona de México, catequizando a indios Pames y Pisones entre otros y fundando diferentes congregaciones de su orden. Finalizara esta labor en 1627.
Como responsable franciscano de la estas nuevas tierras viajara a España intentando que la presencia franciscana fuese más relevante en estas regiones aun por explorar.
Obtendrá el mandato real por el que se le facultaba como representante de su orden junto con el responsable de la Compañía de San Agustín y el de la de Santo Domingo, en contra de la cédula por la que se privaba de sus exenciones a los religiosos a favor de los obispos.
Tras finalizar con los mandamientos reales cayó enfermo, falleciendo en el convento franciscano de Madrid en 1628.
Esta repentina muerte truncara todos los proyectos para poder adentrarse en otras regiones inexploradas del país mexicano. Los planes de Mollinedo era el afianzamiento de la fe cristiana en las nuevas zonas descubiertas, compaginándolo con el control administrativo, político y estratégico para la corona, teniendo además una mayor zona de influencia de su orden religiosa.
El proyecto final recogía la evangelización desde el Yucatán hasta La Florida.
Cabe citar que algunas de las poblaciones fundadas por este portugalujo se habían despoblado en 1637 fruto de asesinatos y asaltos producidos por revueltas indígenas.
Solamente tras la pacificación impuesta por el Capitán Gaspar Ibáñez de Argoitia y la prisión y ejecución de algunos de los cabecillas se llevo la paz a la comarca.
Tras la revuelta y para mitigar el malestar por las condiciones con las que se trataban a los indígenas por parte de los hacendados, se ordeno repartir por parte de las autoridades, tierras, agua, solares, además de carne de venado.


Algunas de las poblaciones fundadas por Mollinedo.

Como ya se ha descrito en la biografía de Mollinedo su principal labor y a la que dedico la mayor parte de su existencia es la fundación y evangelización de las tierras que comenzaban a descubrirse en el continente americano.
Las ceremonias de toma de posesión se desarrollaban de diferente manera aunque todas ellas tenían un mismo patrón a seguir.
El 1 de Julio de 1617 Mollinedo funda la misión de Santa Catarina Virgen, embrión de lo que será en el futuro un importante núcleo de población. Los actos de ceremonia comenzaran con la celebración de una misa en la iglesia de Vaharenque, tomándose posesión del lugar en nombre de la corona y delimitándose la demarcación geográfica en que debía de comprenderse. En su posterior viaje a España, Mollinedo realizara gestiones para que esta población tenga el estatus de “Custodia”, obteniéndose la cedula real para tal distinción el año 1621. (Se denominaba “Custodia” mandaba por un Custodio religioso compuesta por zonas indígenas sin evangelizar y misiones. El Custodio residía en la cabeza de la región, estando compuesta esta por un gran número de misiones).
A finales del siglo XVII, Fray Martín de Herrán será el sucesor de Mollinedo, convirtiendo la comarca en una zona prospera, ensanchando las fronteras y aumentando la Custodia con nuevas misiones.
Otra de las poblaciones fundadas por este portugalujo, Tula, se encuentra en el estado de Tamaulipas, antiguo nuevo Santander. El 22 de Julio de 1617 la expedición de Mollinedo llega desde La Sauceda en el estado de San Luis de Potosí. Portaban una imagen de San Antonio, santo que todavía se tiene como patrón de la localidad.
La pequeña representación franciscana se asentara en la falda sur del cerro bautizado como de La Cruz, reuniéndose con familias de las tribus Mascorros y Pisones. Estas personas, junto con las recién creadas misiones serán el embrión de esta población.
Como responsable de la administración de Tula, Mollinedo pondrá a Fray Diego de Espinosa, comprendiendo los términos de esta localidad desde “el puerto de Francia que cae al valle de las lagrimas, 8 leguas de dicho pueblo en contorno por parte de la jurisdicción del beneficio de Guadalcazar y por parte de Jaumave otras 8 leguas hasta el sitio que llaman de la Tinaja con todas sus vertientes y 4 leguas por la parte que nombran de Tanguachin”.
Como testigos de la fundación y firmantes del acta se encontraban los ciudadanos españoles Sebastián Jiménez, Pedro de la Fuente y Alfonso Cortes además de los capitanes D. Cristóbal, D. Pablo y D. Francisco, todos ellos propietarios de las rancherías de Chichimecas. Años después de su fundación, la población de Tula pasaría a depender administrativa y militarmente a la justicia de Valles.
Tras Fray Diego de Espinosa ocupara el cargo de administrador Fray Martín Herrán con el cual el desarrollo de la localidad aumentaría de forma espectacular, teniendo bajo su control a más de 10.000 pobladores de la etnia Chichimeca.
En la actualidad en esta localidad se pueden observa diferentes pinturas murales en sus calles en las que se recogen escenas de la fundación de la misma por Mollinedo y los frailes que le acompañaban.
Finalmente cabe citar la población de Santa Catarina Mártir de Rio Verde, fundada el 1 de Julio de 1617.
Esta población será administrada tras su fundación por Fray Juan de Cárdenas.
En 1621 se le otorgara el tratamiento de Custodia, pasando al de provincia libre en 1622. Al no poder cumplir con las condiciones necesarias, pasara nuevamente a ser Custodia hasta el año 1845.
Los primeros pobladores son las tribus autóctonas de Otomíes, Mascorros y Guachichiles.
10 años después de la fundación de Santa Catarina estos habitantes comenzaron a huir de la zona refugiándose en unas barrancas cercanas. Los malos tratos de que eran objeto por parte de algunos de los estancieros españoles así como la falta de alimentos propiciaran un fuerte éxodo de la comarca.
A pesar de los distintos mandamientos de la Real Audiencia así como las diferentes órdenes promulgadas para conservar de forma pacífica las tierras de estas tribus, las mismas no se cumplían.
En 1674, ya se había levantado la Iglesia, el convento y la casa del Capitán protector, mientras las viviendas de los indígenas se encontraban separadas entre sí, sin calles, y construidas sin orden y de forma anárquica. Tiempo después Martín de Mendealde, Capitán del lugar, ordena que todas las viviendas de la población aborigen se edifiquen alrededor de los edificios principales tomando como base el convento y la iglesia.
A finales del siglo XVII los habitantes se contaban en unas 60 familias de Otomíes por 6 de Chichimecas.
En la década de 1680 a 1690 las congregaciones religiosas trabajaran en la defensa de los indígenas contra los abusos de los hacendados, los cuales en esta época se dedicaban a invadir las tierras de los autóctonos, exigiendo servicio personal, pasando en casos extremos al secuestro de los indios y su posterior venta como esclavos en localidades como Puebla.
En 1743 se comenzó a construir la actual iglesia parroquial. 34 años más tarde (1777) se finalizaban las paredes de la misma además del techo de Zacate. Entre 1825 a 1835 se cerraran las bóvedas finalizándose la torre.
La figura de custodia en esta localidad finalizara a mediados del siglo XIX entrando el clero diocesano a suplir el puesto de los misioneros.
Hoy en día en Santa Catarina y frente a la parroquia, en la plazoleta de la fundación existe una estatua de Fray Juan Bautista de Mollinedo.
Así mismo también hay un colegio con el nombre de este Portugalujo en la calle Gabriel Martínez bajo la dirección de las religiosas Hijas del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un artículo muy interesante y trabajado.
De una forma u otra siempre se halla la misma relación en todos los personajes: el mar. ¿Cómo pudieron poner el museo marítimo en otro lugar que no fuese Portugalete?
Ánimo Alfredo.
Goio.

Fernando Mendez Cantu dijo...

Me ha gustado mucho el artìculo y quisiera saber si no tienen antecedentes en esa epoca de obras literarias escritas en dècima, pues hasta nuestros dìas la regiòn de Rìo Verde en san Luis Potosì, mantiene viva esta tradiciòn literaria y seguro que los evangelizadores la llevaron hacia el norte, hasta San antonio de Tula y Jaumave en el actual estado de Tamaulipas. agradecerìa informaciòn fehaciente sobre el particular. Gracias.

Piloto Mayor de la Barra dijo...

Siento no poder ayudarle en su pregunta. Esa tradición concreta en la zona de la es originario Mollinedo no se conserva, desconociendo si en el pasado reciente de forma tradicional se produjeron este tipo de escritos en decima o espinela como decimos por aquí, como forma de redacción.
Siento mucho no poder ayudarle