martes, 11 de mayo de 2010

LUCIANO ORTIZ DE URBINA, EL PORTUGALUJO QUE TRIUNFA EN LA CALIFORNIA DEL SIGLO XX.


Hay biografías que se hacen con especial cariño ya que la vida de la persona que se acerca al lector es más propia de un buen guión cinematográfico que de la realidad a la que estamos acostumbrados a vivir.

Esta nueva biografía se la dedico a Lou Ortiz o mejor dicho Luciano Ortiz, portugalujo con una interesante vida cargada de vivencias y experiencias.

Luciano o Lou, como era conocido en los estados Unidos de América, nació en Portugalete en la casa que tenía la familia en la esquina de la calle Abaro con la calle Santiago donde se encuentra en la actualidad el bar Fran. Su padre fue Juan Cruz Ortiz de Urbina Bilbao natural de La Guardia en Álava y la madre Piedad Azpeitia Guruzeta nacida en Areatza localidad de la que emigra afincándose en Portugalete. En esta localidad trabaja en la casa de la familia Gandarias como ama de llaves. La madre de Lou era hija de Mari Cruz Guruzeta Unzueta, matrona de Villaro, localidad en la que tiene dedicada una calle y de José María Azpeitia, alguacil y Txistulari de la misma población.

A Lou le coge la guerra civil siendo joven, contaba solamente 12 años cuando el General Franco se subleva contra el gobierno de la Republica y la contienda se hace extensible a todos los territorios de la península. Los acontecimientos bélicos y los bombardeos frecuentes que sufre Portugalete hacen que los padres de Lou decidan que se traslade fuera de Euskadi junto con su hermano José. Parten el 20 de mayo de 1937 en uno de los últimos barcos fletados por el Gobierno Vasco en dirección a Inglaterra, país al que llegan no sin riesgos al ser acosados en diversas ocasiones por los buques de la marina franquista.




En Inglaterra, los refugiados vascos del grupo de Lou son instalados en un campo de la localidad de Dover, pasando con posterioridad a un viejo sanatorio situado en el norte de Londres construido durante la primera guerra mundial. Lou siempre recordó con afecto el trato recibido por parte de la población y las autoridades británicas durante su estancia en Inglaterra.

Tras la finalización de la guerra, Lou junto con su hermano José, regresan de nuevo hasta Portugalete, corría el mes de Abril de 1939.

Como muchos jóvenes de su generación comienza a trabajar en la industria metalúrgica del contorno. Aprende el manejo de tornos, fresas y otras maquinas herramientas que le servirán de gran ayuda en el futuro.

Tras sufrir varios encontronazos con las autoridades franquistas del momento y después de sopesarlo mucho, Lou junto con su hermano José María huyen de Euskadi en 1947 a través de los pirineos, afincándose una temporada en Francia.

En el país galo permanecerá en la localidad de Marseille, trabajando como portuario. Intenta en dos ocasiones viajar como polizón hasta los Estados Unidos fracasando las dos. Con el tiempo consigue trabajo en una empresa consignataria noruega dentro de un barco de carga general, pasando en esta compañía cuatro años de su vida. En uno de estos viajes en el que el barco tiene que entrar en el puerto de San Francisco para efectuar unas importantes reparaciones, Lou decide desembarcar en este país para quedarse definitivamente en territorio norteamericano. En dos ocasiones las autoridades de inmigración citan a Lou indicándole que su visado como marino había caducado. En la última de ellas las autoridades le dan un ultimátum entregándole una orden de expulsión que se haría efectiva en 48 horas. Pero en esas fechas nuestro biografiado ya tenía una novia americana con la que se casará poco después, la misma se llama Dolores. Fruto de este matrimonio vendrán al mundo dos hijos, un varón de nombre Jesús y una mujer de nombre Carmen.




Uno de los primeros empleos remunerados de Lou en suelo americano es como guardián de los almacenes portuarios del puerto de San Francisco, trabajando con posterioridad como tornero en una de las principales empresas fabricantes de turbinas para las presas americanas situadas al oeste del Mississippi.

Los momentos de descanso los reparte entre la familia y los partidos de futbol que organizan la colonia de vascos asentados en esta localidad. A la finalización de uno de estos partidos una de las personas que se encontraba en el lugar de nombre Pedro Liendo le realiza la pregunta que le cambiará su vida ¿podrías hacer un palo de golf o al menos partes de el ? Liendo trabajaba en esas fechas en la empresa Fernquist and Johnson, compañía que manufacturaba palos de golf del famoso golfista del momento Tony Lema´s. Lou no había cogido un palo de golf en su vida pero la respuesta fue que podría construirlos.

Lou se asocia con Liendo, entrando en juego una tercera persona de nombre Emilio Martínez, encargado de realizar diversos reajustes eléctricos dentro de un almacén alquilado por Lou y su socio en la calle Harrison Street cerca a la cervecería Burgermeister Brewery de San Francisco. Con las iniciales de estas tres personas se formara el nombre de la futura empresa fabricante de palos de golf OR-LI-MAR.

Durante esta etapa Luciano trabaja por el día en la empresa de turbinas mientras por la noche desmonta diferentes palos de golf para estudiar su composición y características, instruyéndose de cualquier publicación, libro o trabajo sobre este tema que caía en sus manos.




Los primeros momentos son muy duros abandonando la sociedad Martínez y Liendo, su parte es adquirida por Lou conservando el nombre de la empresa.

Con mucho esfuerzo y tenacidad, dos años después los palos manufacturados por Lou se convierten en los preferidos por los grandes golfistas de los clubs del área de la bahía de San Francisco.

Para mostrar sus productos Luciano se introduce en el Club Olímpico de San Francisco, a pesar de lo elitista de su concurrencia y de su limitado conocimiento del inglés, sus palos meticulosamente realizados con pequeñas cabezas y clásicas líneas simples, comienzan a tener una gran importancia. Todos los grandes golfistas del momento se afanan por tener un palo salido de las manos de Lou, todos realizados a mano de manera artesanal, saliendo de su taller entre 60 y 70 a la semana, rodeándose la realización de los mismos por un aura de misterio por su escasez y la gran calidad que demostraban en el juego.

Durante los años 70 y 80 Lou perfecciona muchos de los productos que salen de su taller, baja el centro de gravedad de uno de sus palos convirtiéndose en una herramienta fundamental dentro del circuito de golf profesional.

Con el tiempo Ortiz abre una tienda especializada donde trabajan más de 10 personas, convirtiéndose en un reconocido fabricante de palos, visitando su local californiano los más reconocidos golfistas del panorama mundial del momento.

Lou Ortiz se va afianzando más y más dentro de esta modalidad deportiva, una gran calidad de los palos fabricados por el mismo, un novedoso diseño y una innovadora herramienta golfista son sus mejores cartas de presentación.

En la década de los años 90 la empresa del golf sufre una profunda transformación, los palos de madera van siendo sustituidos por otros de metal, consumándose una difícil evolución empresarial en la que la marca de Luciano Ortiz logra adaptarse a los nuevos tiempos.

La compañía de Lou pase de facturar 1,5 de dólares al año a de 75 a 100 millones de dólares anuales.



La empresa crece con rapidez, más de cien operarios con abogados, comerciales, accionistas y un gran número de golfistas luciendo el logotipo de Orlimar demuestran la importancia de la firma de Lou dentro del circuito internacional del golf. Luciano Ortiz de Urbina había triunfado gracias a su esfuerzo, convirtiéndose en uno de los beneficiados del sueño americano.

Desde 1998 más de 700 jugadores profesionales han llevado en sus equipos palos fabricados por Orlimar, teniendo unas ventas anuales de más de 2.000.000 unidades.

Tras pasar por diversa vicisitudes la marca Orlimar continua fabricando palos de golf pudiéndose encontrar a través de la red gran número de productos fabricados por nuestro paisano.

Lou Ortiz antes de su fallecimiento estaba considerado el mejor y principal fabricante de palos de encargo de la costa oeste de Estados Unidos.

Un gran portugalujo que nunca olvidó su Portugalete natal, teniendo contacto continuado con los familiares que se quedaron en la villa y que viaja siempre que le era posible hasta la villa portugaluja. Una persona echa a si misma que consiguió con esfuerzo y mucho trabajo tener una buena posición social, pudiendo ser considerado posiblemente el último de los “americanos” jarrilleros que triunfaron en el nuevo continente.

Espero que esta biografía guste a las personas que de forma habitual consultan y visitan este blog, estando de acuerdo en la realización de una profunda revisión de los personajes representativos de la localidad, acercando a otros como los que se recogen en este blog al publico portugalujo, dejando pero no olvidando a los ya frecuentes y mil veces repetidos.

Hasta la próxima.