martes, 5 de noviembre de 2013

A LA MEMORIA DE JOSÉ LUIS PINILLOS, PADRE DE LA PSICOLOGÍA MODERNA ESPAÑOLA.



Hace unos días ha fallecido José Luis Pinillos, padre de la psicología moderna española y persona muy vinculada a la localidad de Portugalete en su juventud, estudio en el instituto de nuestra villa antes de la guerra civil.

En su recuerdo, hoy acerco al blog la biografía del mismo que publica el diario El Correo en la que se recoge, tanto su trayectoria académica, los trabajos que publicó y los reconocimientos que obtuvo de diferentes instituciones.

Pinillos fue en vida uno de los más reconocidos intelectuales de su época, siendo traducidos sus trabajos a diferentes idiomas, obteniendo entre otros galardones el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales el año 1986.   

Descanse en paz este reconocido intelectual que estuvo íntimamente ligado a Portugalete durante una etapa de su vida y de la que guardó un gran recuerdo a lo largo de su existencia.







Varias generaciones de psicólogos españoles deben su interés por la disciplina y su formación a José Luis Pinillos, pionero en la psicología científica española, uno de sus constructores primordiales y reconocida autoridad en la materia, fallecido ayer a los 94 años.

Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en 1986, miembro de la Real Academia Española y de la de Ciencias Morales y Políticas, Pinillos reivindicaba una psicología «con responsabilidad moral ».

Sólida referencia como docente, ensayista e investigador en los muy distintos campos que abarcó su insaciable curiosidad científica, José Luis Pinillos nació en Bilbao el 11 de abril de 1919 y cursó sus primeros estudios en su ciudad natal y en Portugalete.

Tras la Guerra Civil estudió Filosofía y Letras en las universidades de Zaragoza y Madrid, donde se licenció con premio extraordinario.
Tras doctorarse con una tesis sobre ‘El concepto de sabiduría’, amplió estudios en el Psychologisches Institut de Bonn (Alemania).




Cuando evocaba sus comienzos como psicólogo en los oscuros años 40, época en que la psicología se enfrentaba a la supremacía del catolicismo, explicaba Pinillos cómo «se miraba con recelo una disciplina moderna que no hablaba del alma y la inmortalidad sino de la mente ». «La herencia de la Inquisición dobló el espinazo del pueblo español durante muchos años», se lamentaba cuando explicaba a sus alumnos la enorme dificultad de trasladar a nuestro país los conocimientos adquiridos en las escuelas de Psicología inglesa y alemana tras su estancia formativa en ambos países.

Pensaba que sería necesario que los psicólogos españoles realizaran «un esfuerzo ímprobo» y sostenido desde la dictadura franquista a la democracia para lograr que la psicología estuviera en España «a la altura de la mundial».



La carga moral del psicólogo

Para José Luis Pinillos, la psicología tiene «una responsabilidad moral enorme» dado que «modifica el comportamiento humano». Defendía así la obligación que tienen los psicólogos de «denunciar los comportamientos morales funestos », como «el lavado de cerebro, que arranca la voluntad del hombre» y que, según Pinillos, seguía aplicándose en determinados sectores sociales.






Percepción, aprendizaje, desarrollo de la inteligencia, psicología social, personalidad, epistemología e historia de la psicología fueron algunos de los muchos campos que investigó y trató en los ensayos y artículos que jalonan su carrera.

‘Introducción a la psicología contemporánea’ (1964) fue su primer tratado, al que seguirían títulos como ‘Cuestiones de psicología evolutiva’ (1964), ‘Constitución y personalidad. Historia y teoría de un problema’ (1966),






‘Grandeza y servidumbre de la metafísica’ (1972), ‘Principios de psicología’ (1975), ‘Mas allá de Freud’ (1976), ‘Psicopatología de la vida urbana’(1977), ‘La psicología y el hombre de hoy’ (1986), ‘Reconversión industrial y adaptación psicológica’ (1986), ‘La mente humana’ (1986), ‘Psicología y psicohistoria’ (1988), ‘El corazón del laberinto’ (1997) y ‘Principios de Psicología’ (2002).





En 1986 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales «por sus trabajos decisivos en la promoción y el progreso de la psicología empírica en España». Entre sus muchas distinciones, la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que se le otorgó en 2004. Las universidades de Salamanca, Valencia, País Vasco, Santiago de Compostela, Comillas, Oviedo, UNED, Sevilla, La Laguna y Murcia le reconocieron como doctor ‘honoris causa’.