lunes, 28 de mayo de 2012

A LA MEMORIA DE JOSÉ MARÍA BUSTO LLANO, DEPORTISTA PORTUGALUJO FALLECIDO EN SEVILLA





El día de ayer falleció en Sevilla uno de los más destacados deportistas del mundo del futbol nacido en nuestra localidad. Me refiero a José María Busto Llano, guardameta portugalujo que jugó durante 16 temporadas en las filas del Sevilla F.C. siendo considerado en su tiempo como uno de los mejores porteros profesionales que militaban en la primera división nacional.

El año 2009 ya realicé una semblanza de este deportista jarrillero, acercando al blog una pequeña parte de sus grandes méritos dentro del mundo del futbol profesional .Junto a estas líneas paso a reproducir la nota realizada por el servicio de prensa del club sevillista recordando la memoria de este gran deportista portugalujo.

Como todas las informaciones que se toman de otras páginas de internet, al final de estas líneas inserto el enlace para todos aquellos que deseen leer este artículo en su formato original.

Espero que la entrada guste y hasta la próxima. Descanse en paz este gran deportista portugalujo.


 


JOSÉ MARÍA BUSTO LLANO.

Por su condición de vasco, nacido en Portugalete el 12 de noviembre de 1924, las cartas del destino tal vez invitaban a pensar en una carrera deportiva exitosa en el Athletic. Pero la historia de José María Busto, como las buenas historias, tuvo un agradable giro, un cambio de guión que hizo su trayectoria poco previsible. Tal vez por eso resultó tan asombrosa. Desde el arco contempló la época más prodigiosa del Sevilla FC en el siglo XX, jugando 16 temporadas, desde 1942 hasta 1958, en las que conquistó una Liga y una Copa, convirtiéndose en uno de los mejores guardametas de su tiempo. Nunca un portero jugó tantas campañas en Nervión ni disputó tantos encuentros, ni más ni menos que 339, con más de 30.267 minutos en su haber. Sus guantes, todavía hoy, pesan demasiado.


 
Pero su historia comienza mucho antes, en el Baracaldo Altos Hornos, equipo al que había llegado tras dejar los juveniles del Athletic Club. Busto se hacía un nombre en el Norte y el ojo de halcón de Pepe Brand, asesorado por el doctor Amadeo García de Salazar, fundador del Alavés y eminencia del fútbol nacional en general y vasco en particular, lo trajo al lugar que le hizo grande… Brand llegó a un acuerdo con el padre de Busto, que dio su palabra y la mantuvo hasta el final, pese a una intentona última del Athletic Club, que lo quiso incorporar cuando el joven arquero tomaba rumbo hacia Sevilla. La historia de José María, sin embargo, estaba lejos de San Mames, concretamente en la otra punta de España, en la calidez del Sur, en el hervidero de pasiones que constituía el viejo Nervión.

La sombra de Eizaguirre

Cuando llegó, Busto tenía el reto de solapar la leyenda de Guillermo Eizaguirre, conocido popularmente como El ángel volador, un futbolista carismático del Sevilla de la época, el contrapunto de la mítica delantera Stuka, que sin él quedó huérfana de seguridad. El Sevilla, en definitiva, era una máquina de hacer goles pero atrás dejaba mucho que desear. Se requería a un buen portero… y ahí entró Busto, que sin que nadie lo esperara sobrevoló las hazañas de Eizaguirre. De extraordinarios reflejos y una sobriedad envidiable, el meta vasco no tardó en consolidarse en los tres palos, haciendo olvidar a su gran predecesor.


 
El “prodigio de seguridad” de Les Corts

Y ahí comenzó una historia de grandeza: muy bueno en el mano a mano, con magnífica salida y mucha anticipación, aportó tranquilidad atrás al extraordinario equipo que dirigía Ramón Encinas, que en la campaña 45/46 se coronó campeón de Liga. Busto; Joaquín, Villalonga; Alconero, Antúnez, Eguiluz; López, Arza, Araujo, Herrera y Campos. Ése era el equipo que el Sevilla puso en liza el inolvidable 31 de marzo de 1946 en Les Corts. Valía un empate para ser campeón de Liga y ante sí Busto tenía la responsabilidad de frenar el asedio azulgrana, que se esperaba avasallador. Y lo hizo. Pudo con todas las embestidas, tan sólo le superó Bravo, pero sin embargo Escolá y Gamonal no lograron rebasarle, valiendo el gol que el Pato Araujo logró en el minuto 7… Su actuación, en suma, fue portentosa y de hecho ABC, dos días después, en la crónica del partido, dejaba claro la importancia del cancerbero en la consecución del título: “En el Sevilla dos hombres brillaron de forma extraordinaria: Busto, cuyas intervenciones fueron un prodigio de seguridad y colocación, y Arza”.

El fútbol le reservaba más días de gloria, al mítico arquero vasco. En 1948, concretamente el 4 de julio, se proclamó campeón de Copa, ante el Celta de Vigo, con una cómoda victoria por 4-1. Busto siguió logrando hazañas. Fue subcampeón de Liga en la 50/51, perdió una final de Copa en 1955 e incluso debutó con la selección española b el 30 de mayo de 1954, en Bayona, en un partido en el que España derrotó 0-2 a Francia… En varias ocasiones fue convocado con la selección nacional absoluta, pero la inconmensurable figura de Ramallets eclipsó sus posibilidades de ser titular.


 
En 1957 Busto jugó la Copa de Europa, siendo el primer portero en jugar en competición internacional con el Sevilla FC. El 19 de septiembre saltó al césped de Nervión ante el Benfica, en un duelo histórico, que acabó con 3-1 a favor del conjunto hispalense. En esa campaña, la 57/58, colgó las botas para siempre. Su último encuentro fue ante el Real Madrid, en el Sánchez Pizjuán, el 19 de enero de 1958, un choque que acabó con victoria por 3-2 y con la lesión de un dedo del portero de los porteros en clave sevillista, lo que le obligó a dejar los terrenos de juego.

Una última gesta tras su adiós

Una vez colgadas las botas, Busto se convierte en seleccionador juvenil de la selección andaluza de fútbol, que hizo campeona de España (con jugadores como Rodri o Gallego). Después se vincula a los Escalafones Inferiores del Sevilla y cuando llega Antonio Barrios en 1961 se convierte en su segundo. En esa misma campaña, justamente el día de Reyes del 62, se le realiza un partido de homenaje en el Ramón Sánchez Pizjuán, celebrando un amistoso ante el Sporting de Lisboa. Pero sus servicios fueron más allá, porque un año después, cuando el equipo está en una verdadera situación crítica, al final de la 62/63, Busto vuelve a ser providencial. A tres jornadas para que acabe el campeonato se cesa a Barrios y Busto asume el mando, en lo que sin duda era una difícil papeleta. Sin embargo, esta vez sin guantes, el vasco salvó los muebles y consiguió que el equipo eludiera el descenso. En la siguiente campaña asume el mando del Sevilla Atlético, para después dejar el fútbol y dedicarse al mundo de los negocios.




José María nunca se marchó de Sevilla, concretamente de Triana. Allí llegó hace ya casi siete décadas, estableciéndose en sus inicios en los altos de Casa Ruiz, en la conocida esquina Cuesta, junto a la Peña Trianera… Y allí, a la orilla del Guadalquivir, sigue cuando la vida le acerca a la frontera de los noventa… El 18 de noviembre el Sevilla FC hizo justicia con él, otorgándole la distinción del Dorsal de Leyenda.

Departamento Prensa Sevilla F.C



1 comentario:

Anónimo dijo...

Estupenda tu aportación "piloto", una pena que no hayan aparecido en los distintos medios, referencias a este gran portero portugalujo (exceptuando los deportivos). Saludos